Archivo para Noviembre 2008
El RCD Espanyol noquea al subcampeón de la Copa de Ferias, el Birmingham City

El delantero españolista Antonio Camps corre tras un balón rodeado por dos defensas del Hannover durante el partido de vuelta de la primera ronda. Foto: La Vanguardia
La temporada 1961-62 en la Copa de Ciudades en Feria será recordada de forma especial por varios factores. En aquella campaña por primera vez tres equipos españoles participaron en esta competición colmándose así las aspiraciones de los equipos hispanos respecto a una competición cada vez más interesante, y cuyo primoridal objetivo es el estrechamiento de los lazos de amistad entre las ciudades que son sede de ferias internacionales a través de los vínculos que crea y fomenta el deporte.
El FC Barcelona y el Valencia CF se midieron en la gran final siendo la primera final continental entre equipos de una misma nacionalidad. El tercer equipo invitado a la Copa de Ferias fue el RCD Espanyol. Los pericos en su primera participación continental, tras eliminar al Hannover alemán en la primera ronda, lograron una brillante y merecida victoria en el partida de ida de los octavos de final de la Copa de Ferias ante un Birmingham City, que en las tres ediciones disputadas hasta el momento logró ser dos veces finalista y una vez semifinalista.
Los blanquiazules rompieron todos los pronósticos y sorprendieron a propios y extraños al derrotar a un rival técnicamente superior. A base de fuerza y de casta el RCD Espanyol fue capaz de obtener un resultado muy positivo de cara al partido de vuelta aunque en ningún momento del encuentro, de vez en cuando jugado bajo la lluvia, no lo tuvo nada fácil doblegar al equipo inglés.
El RCD Espanyol tuvo un excelente inicio de partido desperdiciando dos estupendas ocasiones de abrir el marcador. Carranza malogró la primera oportunidad de marcar en los primeros compases del partido y en el minuto 10 Sastre mandó fuera un lanzamiento de penalti con que fue castigada una mano del defensor Stan Lynn.
Los pericos pagaron caro una máxima instalada en el mundo del fútbol “quien perdona acaba pagándolo”. Así, en el minuto 20, el Birmingham se adelantó en el marcador cuando Bloomfield aprovechó un despeje de la defensa españolista para fusilar al meta Joanet. El tanto rival espeleó al Espanyol que en tres minutos dio la vuelta al marcador al aprovechar, ahora sí, las ocasiones ante la meta del Birmingham. Castaños lograba igualar la contienda con gran valentía al rematar en plancha un centro y Sastre al desviar un tiro de Carranza pusieron en ventaja al Espanyol. La reacción local se mantenía candente unos minutos más elevando la euforia de la afición españolista. Antonio Camps lograba el tercer gol con un tremendo disparo que culminaba una excelente jugada ofensiva de todo el equipo blanquiazul.
Los minutos previos al tiempo de descanso contemplaron una reacción de los ingleses gracias a un juego lleno de gran energía y endiablada velocidad que obligó a los pericos a defender la jugosa ventaja lograda. Tras la reanudación, el Espanyol alteró su táctica por una más conservadora. El técnico José Luis Saso retrasó la posición de Indio del centro del campo a la línea defensiva mientras que la posición de éste fue adoptada por Santos Bedoya. El repliegue perico y la ausencia de la velocidad ofensiva dejaron que el partido quedase dominado por el Birmingham. En el minuto 76, Juan Bartolí desvia con las manos sobre la línea del área de penalti, acción que es castigada a pesar de las protestas blanquiazules con la pena máxima que transforma Harris con un durísimo disparo.
El 3 a 2 sembró el pánico en las gradas de Sarriá pero el Espanyol no se amilanó ante tal golpe y reaccionó gracias a la lucha sin cuartel que había desplegado durante parte de los primeros 45 minutos. Antonio Camps fue el estilete españolista que dio una merecidísima victoria. Primero a los 82 minutos al resolver con oportunismo una jugada ofensiva y tres minutos después, con un tiro pegado al poste que engañó al meta Schofield quien esperaba un centro.
RCD Español – Birmingham City FC (5-2)
Miércoles, 15/11/1961 (20:00 h).
Sarriá (Barcelona): 30.000 espectadores.
Árbitro: Jean Tricot (FRA).
Goles: 0-1 Bloomfield 20′; 1-1 Castaños 23′; 2-1 Sastre 26′; 3-1 Camps 33′; 3-2 Harris [pen.] 76′; 4-2 Camps 82′; 5-2 Camps 83′.
RCD Espanyol: Benito Joanet; Antonio Argilés, Juan Bartolí, Julián Riera; Fermín Gordejuela, José Sastre; José Antonio Castaños, Santos Bedoya, Aloísio Francisco da Luz ‘Indio’, Ramón Sergio Carranza, Antonio Camps. Entrenador: José Luis Saso.
Birmingham City FC: Johnny Schofield; Stan Lynn, Graham Sissons; Terry Hennessey, Trevor Smith, Malcolm Beard; Mike Hellawell, Jimmy Bloomfield, Jimmy Harris, Bryan Orritt, Robert ‘Bertie’ Auld. Entrenador: Gil Merrick.
El Mallorca pierde ante el Lazio con orgullo en el epílogo de la Recopa

El jugador del Real Mallorca Daniel García 'Dani', izquierda, pugna por un balón con el defensa del Lazio Giuseppe Pancaro. Foto: Reuters.
Nueva entrega de la sección ‘Días de gloria’ dedicada a uno de los pasajes más memorables de la historia del Real Club Mallorca. El equipo balear firmó una de las mejores actuaciones de un equipo debutante en competición europea de la mano del entrenador argentino Héctor Rául Cúper. A pesar de la derrota y plantar cara al millonario equipo lacial, los mallorquines pueden estar orgullosos de haber entrado en la historia del fútbol por disputar la última final de la Recopa europea.
El azar, es decir, la parte incontrolable del fútbol, terminó con la maravillosa aventura del Mallorca en la Recopa. Un tiro de Nedved en el trayecto final del encuentro acabó con un sueño que debió concretarse por juego. El Mallorca, un equipo confeccionado de prisa y con poco dinero, puso en evidencia a su lujoso rival, uno más entre los equipos italianos que brillan por su colosal nómina, pero que terminan presos de un estilo detestable. Con sus escasos medios, el Mallorca se desempeñó con más clase y con más recursos, en la mejor versión de la fiel infantería de Cúper, orgulloso de un equipo que atendió punto por punto a las obligaciones que tuvo en una cita histórica.
Siempre cómodo en las distancias cortas, el Mallorca se encontró en una situación muy delicada en el arranque del partido. El problema nació de un error impropio de su defensa, experta en el juego alto. Pero Siviero se dejó ganar en el salto por Vieri en el segundo de la multitud de pelotazos que tiró el Lazio, el típico equipo italiano en su estilo y en su manera de desperdiciar una abundante colección de jugadores prestigiosos. Algunos, como De la Peña, purgan en el banco, y otros, como Mancini y Salas, parecen desconcertados en un modelo que les perjudica notablemente. Sin embargo, Vieri vive en su elemento.
Ganó por potencia aquel balón dividido con Olaizola y lo elevó sobre Roa, que confió demasiado en su central o se equivocó en su ubicación. La pelota trazó una lenta parábola que anuló la reacción del portero.
El gol dejó tocado a Roa, visiblemente nervioso durante el primer tiempo, y produjo una impresión muy negativa sobre el destino del Mallorca. Si pretendía un encuentro sometido al designio de la táctica y a la habitual capacidad de sorpresa del equipo de Cúper, se encontró en el peor de los mundos posibles. En desventaja y frente a un equipo italiano, con toda la carga de dificultad que eso significa en el fútbol.

El jugador del Lazio, Pavel Nedved, dispara a portería para marcar el gol del triunfo tapado por los defensas del Real Mallorca Siviero y Soler. Foto: Reuters.
Contra pronóstico, el Mallorca reaccionó con firmeza. Volvió a demostrar que por encima de cualquier otra valoración, es un equipo de una pieza. Cúper suele decir que cada equipo refleja el carácter de su entrenador. En su caso, se trata de un hombre metódico hasta lo obsesivo, hermético, pétreo, poco dado a expresar sus emociones, preocupado por eliminar hasta el último rasgo azaroso del juego, como si eso fuera posible. El Mallorca reproduce estos rasgos con una precisión asombrosa. Quizá esa sólida fibra le tiene vacunado contra efectos indeseables, como el gol de Vieri. Porque la respuesta fue inmediata y brillante. Apenas tres minutos después del tanto del Lazio, una madejita de Soler y Stankovic en la banda izquierda permitió la progresión del extremo, que cerró la jugada como está mandado. Su pase sólo necesitaba de un rematador, y el rematador estaba allí. Dani sorprendió a los centrales y dio el viejo pase a la red.
El partido volvió a estar donde quería Cúper, pero con el valor añadido del efecto sorpresa en las filas del Lazio, que no encontró otra solución a sus numerosos problemas que los pelotazos a Vieri, irreprochable en su combate con los centrales. El Lazio se puso en manos de delantero centro de forma tan descarada que la fórmula terminó por favorecer al Mallorca, que se avisó muy pronto. Aunque Vieri estuvo determinante en tres remates en el primer tiempo, al Lazio se le vio el cartón. Su registro se volvió tan limitado que el partido cayó en poder del Mallorca, al menos en el sentido clásico del fútbol: en el manejo del juego, en el equilibrio de las líneas, en la competente actuación de varios jugadores, encabezados por Ibagaza, que hizo para el Mallorca todo lo que no generó Mancini para el Lazio.
Ibagaza, un centrocampista liviano que no parece adecuado para los laboriosos tiempos que corren, interpretó su papel con facilidad y clase. A su alrededor, el Mallorca entró en conexión, o al menos se aseguró la pelota de manera razonable y desbarató la idea de un Lazio imponente. No lo fue nunca, a pesar de la victoria y de su abigarrada nómina de estrellas. Pasó dificultades extremas durante todo el encuentro, sometido a las reglas que dictó el equipo español. Desde el gol de Dani hasta el victorioso tanto de Nedved, el partido siguió la dirección que le procuró el Mallorca, cuya mayor dificultad fue trasladar al área rival la evidente superioridad de sus centrocampistas. Pero lo mismo cabe decir, y probablemente en mayor medida, del Lazio, que dejó inédito a Roa. El portero argentino no tuvo otro trabajo que el ingrato de recoger el balón de su portería en dos ocasiones.

El capitán del Lazio, Alessandro Nesta, recibe el trofeo de campeón de la Recopa. Es la última vez que un club recibía tal galardón. Foto: AP Photo.
Hubo una larga fase en el segundo tiempo que permitó confiar en las posibilidades del Mallorca. La actividad de Ibagaza servía para comunicarle con Lauren, Stankovic y, muy especialmente, con Dani, que estuvo a la altura del prestigio que se ha ganado en los despachos de varios de los mejores clubes de Inglaterra. Sin embargo, al partido le faltaba remate. Se hizo evidente que la decisión final correspondería a alguna acción por sorpresa. Al azar, eso que tanto detesta Cúper. Y el momento llegó a diez minutos del final, en una jugada medio sucia protagonizada por Vieri y Siviero. La pelota salió rechazada hacia Nedved, que agarró un remate perfecto. Para la historia será suficiente, pero para el fútbol dice muy poco de un equipo que pasó como cualquier medianía por el partido. Que no vengan con la mística italiana. Ganó porque al final este asunto no es otra cosa que un juego, con aspectos incontrolables para el hombre. Porque mientras se trató de control y de fútbol, el Mallorca se elevó bastantes cuerpos sobre su rival.
SS Lazio – RCD Mallorca (2-1)
Miércoles, 19/05/1999 (19:45 h).
Villa Park (Birmingham): 33.021 espectadores.
Árbitro: Günter Benkö (AUT). Amonestó a Mihajlović (23′), Vieri (39′), Marchegiani (90+’) y Siviero (53′).
Goles: 0-1. minuto 7. Centro lejanísimo y alto procedente desde la línea del centro del campo, que cabecea Vieri ante la presencia de Olaizola y Roa ayuda a meter en la portería.
1-1. minuto 12. Dani, en la boca de gol, culmina una jugada por banda izquierda entre Miquel Soler y Jovan Stankovic.
1-2. minuto 81. Nedved bate a Roa a la media vuelta desde fuera del área, tras recorrer un balón suelto.
SS Lazio: Luca Marchegiani; Giuseppe Pancaro, Alessandro Nesta (capitán), Matías Jesús Almeyda, Giuseppe Favalli; Roberto Mancini (Fernando Manuel Silva Couto 90’), Siniša Mihajlović, Dejan Stanković (Sérgio Paulo Marceneiro da Conceição 56’), Pavel Nedvěd (Attilio Lombardo 84’); Christian Vieri, José Marcelo “Matador” Salas. Entrenador: Sven-Göran Eriksson.
RCD Mallorca: Carlos Ángel Roa; Javier Olaizola (capitán), Marcelino Elena, Gustavo Lionel Siviero, Miquel Soler; Lauren Bisan-Etamé, Vicente Engonga, Jovan Stanković, Ariel Miguel Santiago Ibagaza; Daniel García ‘Dani’, Leonardo Biagini (Veljko Paunović 74’). Entrenador: Héctor Raúl Cúper.
Historia de la Copa de la UEFA (XI): Alemania logra el ‘doblete’ con los triunfos del Borussia Mönchengladbach y Eintracht de Frankfurt

El capitán del Borussia Mönchengladbach, Berti Vogts, con el trofeo de vencedor de la Copa de la UEFA.
El final de la década de los años 70 y el comienzo de la de los años 80 contempló un abrumador dominio de los clubes alemanes en la Copa de la UEFA. En 1979 tres equipos germanos se colaron en las semifinales mientras que una temporada después lograron el pleno: cuatro equipos. En la edición 1978-79 tuvo un innovador cambio: la UEFA introdujo un sistema de coeficientes para ayudar a organizar los equipos designados como ‘cabezas de serie’. De este modo, se lograba contentar las demandas de los grandes clubes del continente de las inquietudes que tenían antes de los sorteos por ser emparejados con otros ‘grandes’ en las primeras rondas.
Alcanzaron la final el Estrella Roja de Belgrado, siendo el primer equipo de la antigua Yugoslavia en alcanzarla tras el Dinamo de Zagreb, y el Borussia de Mönchengladbach dirigido por Udo Lattek, que había mantenido su exitoso nivel de juego (tanto en la Copa de Europa como en la de la UEFA jugando tres finales en cinco temporadas) a pesar de las ausencias de jugadores clave del equipo como Heynckes, Wimmer, Wittkamp o Bonhof; junto a los traspasos de Uli Stielike o Henning Jensen al Real Madrid. Con todo ello, llegaron hasta la final sin conocer la derrota y dejando en la cuneta al SK Sturm Graz austríaco, al Benfica de Portugal, al Slask Wroclaw polaco, al Manchester City y al MSV Duisburg alemán en las semifinales por un marcador global de 6-3 gracias a tres goles del danés Allan Simonsen.
Por su parte, el Estrella Roja está plagado de jugadores jovenes con un once inicial con una media de edad de 22 años y medio, decide la gran mayoría de las eliminatorias con espectaculares remontadas gracias a los goles de los jugadores Savić o Šestić en los minutos finales de los partidos de vuelta. Así, doblega al Dinamo de Berlín de la Alemania Oriental, al Sporting de Gijón, al Arsenal FC y al West Bromwich Albion ingleses, y finalmente, al Hertha de Berlín en las semifinales.
El partido de ida de la final concluyó con una empate a un gol debido a las excelencias del sistema defensivo del Borussia que con marcajes al hombre cortaron de raíz el juego ofensivo de la delantera serbia. El Estrella Roja, cumpliendo su rol de equipo local, asedió durante la primera mitad la meta de Kneib pero los alemanes crearon diversas jugadas de peligro en sus salidas al contragolpe.
El Estrella Roja se adelantó en el marcador en el minuto 21 al rematar Šestić un centro medido de Muslin y pudo aumentar su ventaja pocos minutos después cuando Savić conectó un perfecto cabezazo que salió rozando un poste. La renta del equipo yugoslavo se fue al traste en el minuto 60 cuando Jurišić despejó con la cabeza un balón hacia su propia portería al intentar cortar un envío de Wohlers. Quince minutos después, la balanza estuvo a punto de desnivelarse a favor de los de Mönchengladbach. Lienen roba un balón a Miletović y se plantó ante Stojanović, pero el portero yugoslavo detuvo su disparo. Los minutos finales contemplaron un último esfuerzo de los locales para llevarse un resultado positivo para el partido de vuelta, pero la defensa germana desbarató los desesperados intentos del Estrella Roja.
FK Crvena Zvezda – VfL Borussia Mönchengladbach (1-1)
Miércoles, 9/05/1979 (19:30 h)
Crvena Zvezda (Beograd): 98.000 espectadores.
Árbitro: Ian Foote (SCO). Amonestó a Miletović, Wohlers y Simonsen.
Goles: 1-0 Šestić 21′; 1-1 Jurišić [p.p.] 60′.
FK Crvena Zvezda: Aleksandar Stojanović; Nikola Jovanović, Milan Jovin, Slavoljub Muslin (Zlatko Krmpotić 88′), Dragan Miletović; Ivan Jurišić, Vladimir Petrović, Cvijetin Blagojević; Dušan Savić, Nedeljko Milosavljević (Đorđe Milovanović 88′), Miloš Šestić. Entrenador: Branko Stanković.
VfL Borussia Mönchengladbach: Wolfgang Kneib; Berti Vogts (capitán), Wilfried Hannes, Frank Schäffer, Norbert Ringels; Winfried Schäfer, Allan Simonsen, Christian Kulik; Carsten Nielsen (Dietmar Danner 75′), Horst Wohlers (Rudolf Gores 80′), Ewald Lienen. Entrenador: Udo Lattek.

El jugador danés del Borussia Mönchengladbach, Allan Simonsen, marca desde el punto de penalty para conquistar la Copa de la UEFA. Foto: As.
En el partido de vuelta de la final, disputado en el ‘exilio’ de Düsseldorf, el guión se modificó sustancialmente ya que el Borussia dominó y venció cómodamente a pesar de lo exiguo del marcador. Sin embargo, el encuentro no fue nada brillante, debido a la superioridad de ambas defensas sobre el resto del equipo. El Estrella Roja llevó el dominio del balón ante un equipo alemán que buscó el juego rápido y el desmarque para lograr la victoria. Superado el primer cuarto de hora del partido llegó el único gol cuando el Allan Simonsen fue derribado dentro del área serbia por Jurišić. El jugador danés fue el encargado de transformar la pena máxima para adelantarse en el marcador.
A partir de ese instante, el encuentro siguió por los mismos derroteros y tras el descanso el Estrella Roja se hace amo del juego gracias a la presión de su centro del campo y al dominio del balón. Sin embargo, fueron incapaces de crear ocasiones de peligro para nivelar la eliminatoria. Los minutos se consumieron y permitieron al Borussia de Mönchengladbach adjudicarse el título por segunda vez.
VfL Borussia Mönchengladbach – FK Crvena Zvezda (1-0)
Miércoles, 23/05/1979 (20:15 h)
Rheinstadion (Düsseldorf): 45.000 espectadores.
Árbitro: Alberto Michelotti (ITA). Amonestó a Milosavljević.
Goles: 1-0 Simonsen [pen.] 18′.
VfL Borussia Mönchengladbach: Wolfgang Kneib; Wilfried Hannes, Berti Vogts (capitán), Frank Schäffer, Norbert Ringels; Christian Kulik (Horst Köppel 60′), Winfried Schäfer, Horst Wohlers; Allan Simonsen, Ewald Lienen, Rudolf Gores. Entrenador: Udo Lattek.
FK Crvena Zvezda: Aleksandar Stojanović; Nikola Jovanović, Ivan Jurišić, Dragan Miletović, Milan Jovin; Slavoljub Muslin, Đorđe Milovanović (Miloš Šestić 46′), Cvijetin Blagojević; Vladimir Petrović, Dušan Savić, Nedeljko Milosavljević. Entrenador: Branko Stanković.

El delantero del Borussia Mönchengladbach, Harald Nickel, pugna por un balón aéreo con el portero del Saint-Etienne Regel.
El éxito del Borussia Mönchengladbach en la Copa de la UEFA permitió una presencia récord alemana con cinco clubes en la edición de 1979/80. Esta masiva representación se vio recompensada en el terreno deportivo alcanzando cuatro de ellos las semifinales. Sólamente, el Kaiserslautern quedó apeado en los cuartos de final ante otro club alemán: el Bayern de Münich.
El Borussia defendió su título hasta la extenuación de la mano de su nuevo técnico de 35 años de edad, su exjugador Jupp Heynckes, pero ya no contaba con la participación de su jugador estrella el danés Allan Simonsen ni de su anterior técnico Udo Lattek ni del retirado capitán Berti Vogts. Los de Mönchengladbach tuvieron que realizar espectacualres actuaciones para alcanzar la final liderados por Harald Nickel y un jovencísimo Lothar Matthäus.
En la primera ronda vencen al Viking noruego con solvencia pero sufren ante el Internazionale de Milán al cual ganan en el Guiseppe Meazza por 2-3 en la prórroga. El resto de eliminatorias también son difíciles de superar para el Borussia excepto en la balsámica victoria ante el Saint-Etienne de Michel Platini en los cuartos de final. Tanto en octavos de final como en semifinales las eliminatorias se deciden por un sólo gol como en los octavos frente al Universitatea Craiova rumano y frente al VfB Stuttgart en las semifinales. Ante sus compatriotas, caen derrotados por la mínima en la ida (2-1) pero en la vuelta vencen por 2-0 siendo el primer gol anotado por Matthäus.

Bruno Pezzey, izquierda, junto a otro compañero del Eintracht de Frankfurt con el trofeo de vencedores de la Copa de la UEFA. Foto: As
Por su parte, el Eintracht de Frankfurt se asomaba por segunda vez en una final continental tras perder la final de la Copa de Europa de 1960 ante el Real Madrid por siete goles a tres, considerada desde entonces como la mejor final europea, de la mano del atacante líbero austríaco Bruno Pezzey. En el camino doblega al Aberdeen escocés, al Dinamo de Bucarest en la prórroga de un memorable partido de vuelta disputado en Frankfurt, al Feyenoord de Rotterdam, al Brno checo y en las semifinales al Bayern de Münich. Los muniqueses no se trataba del gran equipo que logró tres Copas de Europa consecutivas en la década de los 70 pero mantenían en plantilla a Hoeness y a Paul Breitner que fueron los autores de los goles en la ida. Pero en el encuentro de vuelta, el Eintracht doblegó al Bayern en la prórroga por un contundente marcador de 5 goles a 1. Claves fueron los dos tantos de Pezzey para llevar el partido al tiempo suplementario.
El primer acto de la final ofreció un increíble y espectacular partido lleno de buen juego y entrega física por parte de ambos equipos. Los primeros minutos de juego estuvieron llenos de claras ocasiones de gol para ambas escuadras en las que se tuvieron que emplearse a fondo ambos porteros siendo los disparos del joven Lotthar Mätthaus los que más peligro llevaban. La más cercana al gol correspondió al Eintracht gracias a un disparo de Bernd Nickel que se estrelló en el poste derecho de Kneib.
Pero el gol, tras un sinfín de oportunidades, llegó a los 37 minutos de juego. Los visitantes se adelantaban en el marcador cuando Karger remataba un corner botado por Ehrmantraut. Antes de llegar al descanso, el Borussia lograba igualar la final al aprovechar Kulik un rechace del portero tras un tiro de Matthäus. Tras el descanso, el partido siguió con su frenético ritmo aunque con un mayor dominio del equipo local. En el constante ataque de área a área, se volvió a adelantar en el marcador el equipo de Frankfurt al rematar en planca Hölzenbein un envío del coreano Cha. Pero los de Mönchengladbach empatarían bien pronto cuando un disparo duro de Mätthaus se cuela junto al poste derecho de Pahl. Finalmente, cuando el empate parecía justo resultado tras lo visto en el estadio Bökelberg, Kulik remató de cabeza un centro de Thychosen para dejar una victoria por la mínima para el Borussia.
VfL Borussia Mönchengladbach – Eintracht Frankfurt (3-2)
Miércoles, 7/05/1980 (20:00 h).
Bökelbergstadion (Mönchengladbach): 25.000 espectadores.
Árbitro: Emilio Carlos Guruceta Muro (SPA). Amonestó a Nielsen (44′) y a Ehrmantraut (85′).
Goles: 0-1 Karger 37′; 1-1 Kulik 45′; 1-2 Hölzenbein 71′; 2-2 Matthäus 76′; 3-2 Kulik 88′.
VfL Borussia Mönchengladbach: Wolfgang Kneib; Frank Schäffer, Wilfried Hannes, Winfried Schäfer, Norbert Ringels; Lothar Matthäus, Christian Kulik (capitán), Carsten Nielsen (Steen Thychosen 86′); Karl Del’Haye (Ralf Bödeker 84′), Harald Nickel, Ewald Lienen. Entrenador: Jupp Heynckes.
Eintracht Frankfurt: Jürgen Pahl; Werner Lorant, Bruno Pezzey (capitán), Karl-Heinz Körbel, Horst Ehrmantraut; Bernd Nickel, Bernd Hölzenbein (Wolfgang Trapp 80′), Willi Neuberger; Ronald Borchers, Harald Karger (Norbert Nachtweih 80′), Cha Bum-kun. Entrenador: Friedel Rausch.

Fred Schaub, derecha, con este disparo logra el gol del triunfo del Eintracht de Frankfurt sobre el Borussia Mönchengladbach.
En el encuentro de vuelta, el Eintracht de Frankfurt logró adjudicarse el trofeo gracias al valor doble de los goles conseguidos en campo contrario en caso de empate en el cómputo global. A diferencia del partido de ida, el Borussia saltó al estadio del Frankfurt variando su estilo de juego por otro más defensivo, quitando a sus mejor extremo, Del Haye, y dejando en punta a Harald Nickel que evidenciaba una pobre forma física y a un Lienen demasiado solo como para crear situaciones de peligro. Todo ello conllevo a un monólogo del Eintracht fiel a su estilo de juego meramente ofensivo hasta que en el minuto 81 Fred Schaub sentenció la final con su gol. El joven Schaub recién salido del banquillo en sustitución del alemán del Este Nachtweih para dar al Eintracht la Copa de la UEFA.
Eintracht Frankfurt – VfL Borussia Mönchengladbach (1-0)
Miércoles, 21/05/1980 (20:00 h).
Waldstadion (Frankfurt am Main): 59.000 espectadores.
Árbitro: Alexis Ponnet (BEL). Amonestó a: Pezzey (54′) / H. Nickel (48′), Hannes (77′), Bödeker (88′).
Goles: 1-0 Schaub 81′.
Eintracht Frankfurt: Jürgen Pahl; Willi Neuberger, Bruno Pezzey (capitán), Karl-Heinz Körbel, Horst Ehrmantraut; Norbert Nachtweih (Fred Schaub 77′), Bernd Hölzenbein, Bernd Nickel, Werner Lorant; Ronald Borchers, Cha Bum-kun. Entrenador: Friedel Rausch.
VfL Borussia Mönchengladbach: Wolfgang Kneib; Jürgen Fleer, Wilfried Hannes, Winfried Schäfer, Norbert Ringels; Ralf Bödeker, Lothar Matthäus (Steen Thychosen 86′), Christian Kulik (capitán), Carsten Nielsen (Karl Del’Haye 68′); Harald Nickel, Ewald Lienen. Entrenador: Jupp Heynckes.
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El Neckarstadion fue una fiesta navarra

El delantero 'rojillo' Aguilá acude a abrazarse con su compañero Merino tras lograr éste el segundo tanto de Osasuna en Stuttgart. Foto: Diario de Navarra.
Nueva entrega de ‘Días de gloria’ dedicada en esta ocasión al Club Atlético Osasuna de Pamplona. Los navarros, en su segunda participación continental (Copa de la UEFA 1991-92), lograban romper su mal fario de derrotas en campo ajeno venciendo por todo lo grande al Stuttgart alemán, que unas temporadas antes disputó la final de la Copa de la UEFA ante el Nápoles liderado por Diego Armando Maradona. Tras el empate sin goles en la ida, el Osasuna se doctoró por fín lejos de Navarra. Rememoramos aquella gran noche con esta crónica de Jesús Riaño publicada en el “Diario de Navarra”.
Osasuna pasó a la siguiente ronda de la Copa de la UEFA como lo hacen los campeones es decir ganando en el partido de vuelta y además jugando mucho mejor que el equipo local. El Stuttgart no salía de su asombro ante un rival que le bailaba en el contragolpe y le pudo meter más goles por las muchas veces que llegó ante el marco de Immel.
Los «rojillos» superaron de cabo a rabo a los locales salvo en los últimos diez minutos del primer tiempo y en los finales del partido. En los primeros fue cuando el equipo de Daum pudo acercarse al 0-2 que para entonces llevaba el cuadro de Zabalza. Y en los segundos llegaron los dos goles del Stuttgart, que crearon alguna inquietud pero sin demasiada trascendencia ya que quedaba poco tiempo para terminar el partido.
Los «rojillos» hicieron un encuentro sensacional. Ya avisaron el sábado en Madrid de lo que podían hacer fuera de casa, y ayer confirmaron para felicidad de los navarros que se desplazaron hasta Stuttgart y de los que se quedaron en casa.
Osasuna no cometió el error de echarse al principio del encuentro atrás sino que esperó al Stuttgart en medio campo. Zabalza colocó a Larráinzar I con Sverrison, Spasic con Walter y Bustingorri con el que entraba por la derecha, que normalmente era Buck. En medio campo Larráinzar II tapando la banda derecha con Frontzéck, en el eje Merino con Buchwalld y Martín González con Sammer, y en la izquierda Martín Domínguez. En punta, Urban y Aguilá.
A los siete minutos saltó la gran sorpresa cuando Iñigo Larráinzar pasó el balón a Martín González, y éste a Urban que se fue por velocidad de la defensa y batió a Immel de tiro cruzado; Lo que en noventa minutos no había podido conseguir Osasuna en El Sadar, lo logró en el comienzo del partido de vuelta. En los graderíos se desató la euforia de los seguidores navarros, que empezaron a gritar, «este partido, lo vamos a ganar». Estuvieron a punto de explotar los bombos de tanto sonar. Los seguidores locales enmudecieron y sólo se oía a los navarros.
El partido estaba abierto y el Stuttgart lo intentaba pero no podía al estar atado en el centro del campo, mientras atrás los zagueros navarros hacían muy buenos marcajes. Y el delirio llegó para los seguidores osasunistas cuando a los 17 minutos Merino marcaba el segundo tanto, al quedarse solo ante Immel, tras recibir un fenomenal pase de Urban.
El Stuttgart se lanzó a un ataque a la desesperada, teniendo que sacar Iñigo Larráinzar un balón que se colaba. Pero Osasuna seguía creando peligro al contragolpe con dos ocasiones de Urban en los minutos 22 y 33, y otra de Spasic, a la salida de un corner.
Pero el agobio comenzaba para Osasuna a partir del minuto 34 cuando Buck se fue en solitario y cuando lo tenía más fácil disparó fuera. Los gritos de «San Fermín, San Fermín», resonaron en el Neckarstadion.
Eran los momentos de agobio para Osasuna y entre Pepín y después Roberto salvaron un gol en el minuto 37. En el 38 el árbitro invalida por falta previa un gol de los locales, y en el 40 reclamaron penalti por una mano de Martín González, que se produjo, pero que el colegiado estimó involuntaria.
La superioridad navarra se acentuó cuando en el minuto uno del segundo tiempo Urban agarró un excelente tiro desde fuera del área batiendo a lmmel. El contragolpe osasunista seguía siendo mortal para el cuadro alemán y la locura se desataba entre los seguidores navarros, viendo cómo jugaba su equipó. La voz de «Chiquilín» resonaba con fuerza y todo era felicidad y alegría, excepto para los alemanes.
El Stuttgart se volcaba al ataque, pero era el cuadro navarro el que seguía creando peligro. En las contras de Iñigo, Spasic, Urban, Martín Domínguez y Txomin que llegaron muy fácil al área local.
Las preocupaciones para Osasuna, aunque no fueran demasiadas, llegaron a partir del minuto 34 cuando Buchwald agarró un remate dentro del área que batió a Roberto, cuando ya Zabalza había dado entrada a Arozarena por Iñigo Larráinzar. Agobiaba el Stuttgart y a los 38 minutos Walter mandaba un remate al larguero. Y a un minuto del final llegó el segundo gol marcado por Sverrisson, que le servía de muy poco.
Osasuna aguantó muy bien hasta el final y ganó el partido.
VfB Stuttgart – CA Osasuna (2-3)
Martes, 5/11/1991 (20:15 h).
Neckarstadion (Stuttgart): 25.000 espectadores.
Árbitro: Mario van der Ende (NED). Amonestó a Aguilá (27′), Martín Domínguez (43′), Merino (62′) y Walter (89′).
Goles: 0-1 Urban 8′; 0-2 Merino 17′; 0-3 Urban 47′; 1-3 Buchwald 80′; 2-3 Sverrisson 89′.
VfB Stuttgart: Eike Immel; Uwe Schneider, Slobodan Dubajić (Manfred Kastl 46′), Günther Schäfer; Andreas Buck, Guido Buchwald, Eyjólfur Sverrisson, Michael Frontzek; Matthias Sammer, Fritz Walter, Maurizio Gaudino. Entrenador: Christopher Daum.
CA Osasuna: Roberto Santamaría; Txomin Larraínzar, Predrag Spasić, José Luis Salcedo ‘Pepín’, Eugenio Bustingorri; Íñigo Larraínzar (Pedro Arozarena 77′), Ángel Martín González, José Antonio Martín Domínguez, Ángel Miguel Merino; Jan Urban, Alberto Aguilá (José Ángel Ruiz ‘Cholo’ 56′). Entrenador: Pedro Mari Zabalza.
Historia de la Copa de la UEFA (X): la Juventus de Turín y el PSV Eindhoven, nuevos ‘poderes’ en el terreno continental

El técnico transalpino Giovanni Trapattoni es llevado a hombros por sus jugadores tras conquistar la Copa de la UEFA.
La edición de 1976-77 contempla el primer triunfo continental de la Juventus de Turín al tercer intento tras perder las finales de la Copa de las Ciudades de Ferias en 1965 ante el Ferencvarósi húngaro y en 1971 antes el Leeds United. Bajo la dirección de un técnico joven como Giovanni Trapattoni los turineses al fin logran el éxito europeo gracias al valor doble de los goles marcados lejos de su feudo.
Era el inicio de un nuevo poder que iba a dominar Italia y Europa en los próximos diez años. Además, formaba la columna vertebral de la selección azzurra con Dino Zoff en la portería, Gaetano Scirea y Claudio Gentile en la defensa, Giuseppe Furino y Romeo Benetti con un trabajo incasable en el centrocampo, con Marco Tardelli en la creación, las genialidades de Franco Causio, la potencia de Roberto Boninsegna y la clase de Roberto Bettega.
El sorteo en las dos primeras rondas no es benevolente con la Juventus al quedar emparejado con los dos equipos de Manchester: el City y el United. Tras perder en los partidos de ida en Inglaterra por la mínima (1-0) aprovecha los encuentros de vuelta para sentenciar la eliminatoria en el estadio Comunale turinés. Con más facilidad supera las eliminatorias siguientes ante el Shakhtar Donetsk de la URSS, el Magdeburgo de la Alemania Oriental y el AEK de Atenas para alcanzar la gran final.

El rojiblanco Txetxu Rojo supera a un defensor milanista en el estadio de San Mamés durante la ida de los octavos de final.
El Athletic fue el otro gran conjunto del torneo, ayudado por sus grandes actuaciones en el estadio de San Mamés que fue un duro escollo para todos los rivales. Su primer escollo fue Ujpesti Dosza húngaro con el cae en Budapest (1-0) en el último minuto de partido sin embargo en la vuelta vence con superioridad (5-0) con dos goles de Rojo y tres de Dani. En la segunda ronda el Basilea pone cierta resistencia a la clasificación rojiblanca. En la ida jugada en Suiza un gol de Madariaga antes del descanso neutraliza el temprano tanto de Marti pero en la vuelta Rojo y dos goles de Carlos dan la tranquilidad necesaria a pesar que Marti vuelve a marcar para los suizos. En los octavos de final supera al AC Milan con otra soberana actuación en San Mamés donde el Athletic vence por 4-1, a pesar de que Fabio Capello adelanta a los italianos la respuesta es contundente: dos goles de Dani y de Carlos. En San Siro, la actuación del guardameta José Ángel Iribar evita la eliminación. Dos goles de Calloni y otro de Basiolo dejaban eliminado a los vascos a falta de séis minutos para la conclusión del partido. Pero en el minuto 88 Rojo se queda delante del portero Enrico Albertosi y es derribado por Albertino Bigon. El penalti es transformado por Madariaga que da el acceso a los cuartos de final, una ronda en la que se medirá al FC Barcelona.
En el encuentro de ida en San Mamés, Asensi marca primero para los catalanes en el minuto 13 pero Churruca antes del descanso y Dani desde el punto de penalti dan una exigua ventaja a los rojiblancos que saben aprovecharla en el Camp Nou gracias a dos goles de Javier Irureta en la primera mitad pero Cruyff iguala la contienda (2-2). En la semifinales vence al RWD Molenbeek belga, un equipo muy defensivo pero un gol de Churruca en la ida jugada en Bruselas sirve para acceder a la final. Aunque Teugels marca antes del final del partido para los belgas en la vuelta el marcador no se mueve (0-0).

El defensa rojiblanco Agustín Guisasola despeja un balón por alto durante un ataque de la Juventus durante el encuentro de ida de la final celebrada en el estadio Comunale turinés.
La final de ida se disputa el 5 de mayo en el estadio Comunale. Muy pronto, en el minuto 14, llega el único gol del partido en una internada por la banda derecha de Scirea que termina con un centro preciso, es rematado con la cabeza por Tardelli de forma inapelable. Los pupilos de Trapattoni buscan durante el resto del partido aumentar la renta de cara al encuentro de vuelta pero el Athletic su muestra rocoso en defensa. Apenas se produjeron ocasiones de gol en el resto del partido, por la falta de claridad ofensiva de unos (la Juve) y el conformismo de otros (el Athletic). A falta de cinco minutos para la conclusión del encuentro Iríbar evitó el 2-0 con una gran parada.
Juventus FC – Athletic Club de Bilbao (1-0)
Miércoles, 4/05/1977 (20:30 h).
Stadio Comunale (Turín): 75.000 espectadores.
Árbitro: Charles Corver (NED). Amonestó a Goicoechea (49′).
Goles: 1-0 Tardelli 15′.
Juventus FC: Dino Zoff; Antonello Cuccureddu, Francesco Morini, Gaetano Scirea, Claudio Gentile; Giuseppe Furino (capitán), Marco Tardelli, Romeo Benetti; Franco Causio, Roberto Boninsegna (Sergio Gori 34’), Roberto Bettega. Entrenador: Giovanni Trapattoni.
Athletic Club de Bilbao: José Ángel Iríbar (capitán); Ángel María Villar, Agustín Guisasola, Andoni Goicoechea, Francisco Javier Escalza; José Ignacio Oñaederra, Javier Irureta, José Ángel ‘Rojo II’, Txetxu ‘Rojo I’; Daniel Ruiz ‘Dani’, José Ignacio Churruca. Entrenador: Koldo Aguirre.

Imagen del gol marcado por Jabo Irureta en el partido de vuelta de la final disputado en el estadio de San Mamés.
Dos semanas después un estadio de San Mamés lleno acoge la final de vuelta y confiado de una más que posible remontada. Sin embargo, rápidamente el Athletic se encuentra que la final se le pone muy cuesta arriba al aprovechar Bettega con un cabezazo un centro desde la derecha de Tardelli y marcar el 0-1. Fue la única ocasión que el balón rondó el área rojiblanca pues a partir de ese momento los italianos decidieron plantar un catenaccio delante de la portería de Zoff. La respuesta lleva bien pronto al marcar Irureta, en posible fuera de juego, en el minuto 12 casi sobre la línea de gol un disparo con la pierna izquierda de Churruca. Durante la primera parte, el Athletic sigue asediando la meta rival. En el minuto 39 Churruca fue derribado dentro del área por Scirea y el árbitro no señaló lo que parecía un claro penalti, quizá para compensar su error anterior en el primer gol bilbaíno.
Tras el descanso Trapattoni decide reforzar su sistema defensivo con la inclusión de un nuevo defensa, Spinosi, por el centrocampista Boninsegna que es aprovechado por el técnico bilbaíno para retirar al defensa Lasa y poner a un delantero como Carlos, quien fue el autor del segundo gol del Athletic. A doce minutos para el final, a la salida de un córner a favor de los leones, Txetxu Rojo pone el balón desde la izquierda para que Carlos remate impecablemente de cabeza al poste contrario. No hubo tiempo para más goles, la Juventus termina el partido de forma agónica pero de forma satisfactoria con su primer entorchado continental.
Athletic Club de Bilbao – Juventus FC (2-1)
Miércoles, 18/05/1977 (20:00 h).
Estadio de San Mamés (Bilbao): 43.000 espectadores.
Árbitro: Erich Linemayr (AUT). Amonestó a Benetti (63′) y a Tardelli (72′).
Goles: 0-1 Bettega 7′; 1-1 Irureta 12′; 2-1 Carlos 78′.
Athletic Club de Bilbao: José Ángel Iríbar (capitán); José María Lasa (Carlos Ruiz 63’), Agustín Guisasola, José Ramón Alesanco, Francisco Javier Escalza; Ángel María Villar, Javier Irureta, José Ignacio Churruca; Daniel Ruiz ‘Dani’, José María Amorrortu, Txetxu ‘Rojo I’. Entrenador: Koldo Aguirre.
Juventus FC: Dino Zoff; Antonello Cuccureddu, Francesco Morini, Gaetano Scirea, Claudio Gentile; Giuseppe Furino (capitán), Marco Tardelli, Romeo Benetti; Franco Causio, Roberto Boninsegna (Luciano Spinosi 60’), Roberto Bettega. Entrenador: Giovanni Trapattoni.

El jugador del PSV Eindhoven, Willy van der Kuijlen, es llevado a hombros por los aficionados holandeses tras conquistar la Copa de la UEFA ante el Bastia. Foto: Van de Meulenhof
La séptima edición del torneo de la Copa de la UEFA arrancó sabiendo que su último vencedor, la Juventus de Turín, no iba a disputar su título puesto que esta temporada 1977/78 jugaría dentro de la Copa de Europa. Muchos candidatos al título comenzaron la carrera hacia el título pero a la final sólo fue cosa de dos conjuntos que dieron una sensacional campanada al alcanzar dicho éxito. El PSV Eindhoven era el cuatro club que alcanzaba la final tras Ajax, Feyenoord y Twente mientras que el Bastia era el primer equipo francés en lograrlo, aunque existían los precedentes del Stade de Reims y del Saint-Etienne en la Copa de Europa.
El Bastia realiza una campaña europea sensacional dejando en la cuneta al Sporting de Lisboa, al Newcastle United y al Torino ganando tanto en los partidos de ida como en los de vuelta. En cuartos de final conoce su primera derrota cuando apea al Carl Zeiss Jena de la Alemania Oriental, tras ganar 7-2 en la isla de Córcega pierde en el trámite de la vuelta por 4 goles a 2. El último obstáculo para llegar a la final es otro club que también está sorprendiendo gratamente: el Grasshoppers de Zurich. Los suizos ganan en la ida por 3-2 pero el partido de vuelta en tierras corsas se lo lleva el Bastia con un solitario gol de Claude Papi, que posteriormente estaría presente con la selección gala en la Copa del Mundo de Argentina’78. Papi y el holandés Johnny Rep eran los pilares en los que se fundamentaba el juego del Bastia.
Por su parte, el PSV Eindhoven supera en las primeras sin excesivos problemas al Glenavon de Irlanda del Norte, al Widzew Lodz polaco y al Eintracht Braunschweig alemán. En cuartos de final conoce su primera derrota en el partido de ida ante el Magdeburgo de la Alemania Oriental (1-0) pero en la vuelta vence por 4 goles a 2. En las semifinales se mide al FC Barcelona liderado por Johann Cruyff que disputó ante sus compatriotas su último encuentro europeo con los blaugranas. Una eliminatoria que es considerada como la ‘final anticipada’. En la ida disputada en Eindhoven los holandeses aprovechan los errores defensivos del Barcelona para vencer cómodamente por 3-0 y superan el encuentro de vuelta en el Camp Nou con una derrota por 3-1 en la que tuvo mucho la culpa el gol logrado por el irlandés del PSV, Nick Deacy, logrado tras el descanso cuando perdían por 2-0.
El partido de ida de la final se disputó el 26 de abril, una fecha algo temprana con motivo de la posterior gran cita futbolística mundial: la Copa del Mundo de la FIFA en Argentina. Ambos equipos derrocharon entrega sobre el embarrado y encharcado terreno de juego corso. Los minutos iniciales fueron de dominio del Bastia que buscó balones largos a los extremos y centros al área buscando a Rep y Mariot. Una vez superado el ecuador de la primera mitad, el PSV se hizo dueño del centro del campo por lo que las ocasiones de gol rondaron ambas porterías pero el acierto de los guardametas y el mal estado del terreno de juego evitaron que el marcador se modificase. Tras el descanso, el cuadro corso se volcó nuevamente hacia la portería holandesa y en ocasiones se abandono la táctica del pelotazo por un juego más engarzado y vistoso. Sin embargo, la definición definitiva de la final se dictaminaría en tierras holandesas.
SEC Bastia – PSV Eindhoven (0-0)
Miércoles, 26/04/1978 (20:30 h).
Armand-Césari de Furiani (Bastia): 15.000 espectadores.
Árbitro: Dušan Maksimović (YUG). Amonestó a Hiard (32′) y a René van de Kerkhof (71′).
SEC Bastia: Pierrick Hiard; André Burkhardt, Charles Orlanducci (capitán), André Guesdon, Jean-Louis Cazes; Félix Lacuesta (François Félix 56′), Jean-François Larios, Claude Papi; Johnny Rep, Abdelkrim Merry Krimau, Yves Mariot. Entrenador: Pierre Cahuzac.
PSV Eindhoven: Jan van Beveren; Kees Krijgh, Adri van Kraay, Huub Stevens, Ernie Brandts; Willy van de Kerkhof, Jan Poortvliet, Willy van der Kuijlen (capitán); René van de Kerkhof, Gerrie Deijkers, Harry Lubse. Entrenador: Cornelius ‘Kees’ Rijvers.

Imagen del partido de vuelta de la final disputada en Eindhoven: Jean-François Larios controla el balón rodeado de defensores del PSV Eindhoven.
En el encuentro de vuelta, el PSV dejo a las claras desde el primer minuto que era un conjunto superior técnicamente al Bastia que recurrió a su habitual espíritu combativo. Desde el pitido inicial los holandeses buscaron la portería visitante para encarrilar la final a su favor. El primer gol tardo en llegar tras varias ocasiones claras erradas por los delanteros holandeses. En el minuto 25, el PSV perforar la meta de Hiard tras una combinación entre Willy van de Kerkhof y Deijkers que el primero culminó con un disparo que colocaba el 1 a 0 en el marcador.
El encuentro fue transcurriendo con dominio holandés aunque y grandes dosis de emoción hasta que llegó el minuto 64 cuando el extremo izquierdo Lubse sirvió de cabeza a Deijkers y éste empalmó el balón a la media vuelta. Dos minutos después, la final quedo sentenciada con el tercer gol del PSV al recoger Van der Kuijlen un rechace procedente del palo de la portería del Bastia tras un disparo del propio jugador.
PSV Eindhoven – SEC Bastia (3-0)
Miércoles, 9/05/1978 (20:00 h).
Philips Stadion (Eindhoven): 27.000 espectadores.
Árbitro: Nicolae Rainea (ROM). Amonestó a Stevens.
Goles: 1-0 Willy van de Kerkhof 25′; 2-0 Deijkers 64′; 3-0 Van der Kuijlen 66′.
PSV Eindhoven: Jan van Beveren; Kees Krijgh, Adri van Kraay (Nick Deacy 79′), Ernie Brandts, Huub Stevens; Willy van de Kerkhof, Willy van der Kuijlen (capitán), Jan Poortvliet; René van de Kerkhof, Gerrie Deijkers, Harry Lubse. Entrenador: Cornelius ‘Kees’ Rijvers.
SEC Bastia: Pierrick Hiard (Marc Weller 75′); Paul Marchioni, Charles Orlanducci (capitán), André Guesdon, Jean-Louis Cazes; Jean-François Larios, Félix Lacuesta, Claude Papi; Johnny Rep, Abdelkrim Merry Krimau, Yves Mariot (Jean-Marie de Zerbi 58′). Entrenador: Pierre Cahuzac.


