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El Mallorca pierde ante el Lazio con orgullo en el epílogo de la Recopa

El jugador del Real Mallorca Daniel García 'Dani', izquierda, pugna por un balón con el defensa del Lazio Giuseppe Pancaro. Foto: Reuters.
Nueva entrega de la sección ‘Días de gloria’ dedicada a uno de los pasajes más memorables de la historia del Real Club Mallorca. El equipo balear firmó una de las mejores actuaciones de un equipo debutante en competición europea de la mano del entrenador argentino Héctor Rául Cúper. A pesar de la derrota y plantar cara al millonario equipo lacial, los mallorquines pueden estar orgullosos de haber entrado en la historia del fútbol por disputar la última final de la Recopa europea.
El azar, es decir, la parte incontrolable del fútbol, terminó con la maravillosa aventura del Mallorca en la Recopa. Un tiro de Nedved en el trayecto final del encuentro acabó con un sueño que debió concretarse por juego. El Mallorca, un equipo confeccionado de prisa y con poco dinero, puso en evidencia a su lujoso rival, uno más entre los equipos italianos que brillan por su colosal nómina, pero que terminan presos de un estilo detestable. Con sus escasos medios, el Mallorca se desempeñó con más clase y con más recursos, en la mejor versión de la fiel infantería de Cúper, orgulloso de un equipo que atendió punto por punto a las obligaciones que tuvo en una cita histórica.
Siempre cómodo en las distancias cortas, el Mallorca se encontró en una situación muy delicada en el arranque del partido. El problema nació de un error impropio de su defensa, experta en el juego alto. Pero Siviero se dejó ganar en el salto por Vieri en el segundo de la multitud de pelotazos que tiró el Lazio, el típico equipo italiano en su estilo y en su manera de desperdiciar una abundante colección de jugadores prestigiosos. Algunos, como De la Peña, purgan en el banco, y otros, como Mancini y Salas, parecen desconcertados en un modelo que les perjudica notablemente. Sin embargo, Vieri vive en su elemento.
Ganó por potencia aquel balón dividido con Olaizola y lo elevó sobre Roa, que confió demasiado en su central o se equivocó en su ubicación. La pelota trazó una lenta parábola que anuló la reacción del portero.
El gol dejó tocado a Roa, visiblemente nervioso durante el primer tiempo, y produjo una impresión muy negativa sobre el destino del Mallorca. Si pretendía un encuentro sometido al designio de la táctica y a la habitual capacidad de sorpresa del equipo de Cúper, se encontró en el peor de los mundos posibles. En desventaja y frente a un equipo italiano, con toda la carga de dificultad que eso significa en el fútbol.

El jugador del Lazio, Pavel Nedved, dispara a portería para marcar el gol del triunfo tapado por los defensas del Real Mallorca Siviero y Soler. Foto: Reuters.
Contra pronóstico, el Mallorca reaccionó con firmeza. Volvió a demostrar que por encima de cualquier otra valoración, es un equipo de una pieza. Cúper suele decir que cada equipo refleja el carácter de su entrenador. En su caso, se trata de un hombre metódico hasta lo obsesivo, hermético, pétreo, poco dado a expresar sus emociones, preocupado por eliminar hasta el último rasgo azaroso del juego, como si eso fuera posible. El Mallorca reproduce estos rasgos con una precisión asombrosa. Quizá esa sólida fibra le tiene vacunado contra efectos indeseables, como el gol de Vieri. Porque la respuesta fue inmediata y brillante. Apenas tres minutos después del tanto del Lazio, una madejita de Soler y Stankovic en la banda izquierda permitió la progresión del extremo, que cerró la jugada como está mandado. Su pase sólo necesitaba de un rematador, y el rematador estaba allí. Dani sorprendió a los centrales y dio el viejo pase a la red.
El partido volvió a estar donde quería Cúper, pero con el valor añadido del efecto sorpresa en las filas del Lazio, que no encontró otra solución a sus numerosos problemas que los pelotazos a Vieri, irreprochable en su combate con los centrales. El Lazio se puso en manos de delantero centro de forma tan descarada que la fórmula terminó por favorecer al Mallorca, que se avisó muy pronto. Aunque Vieri estuvo determinante en tres remates en el primer tiempo, al Lazio se le vio el cartón. Su registro se volvió tan limitado que el partido cayó en poder del Mallorca, al menos en el sentido clásico del fútbol: en el manejo del juego, en el equilibrio de las líneas, en la competente actuación de varios jugadores, encabezados por Ibagaza, que hizo para el Mallorca todo lo que no generó Mancini para el Lazio.
Ibagaza, un centrocampista liviano que no parece adecuado para los laboriosos tiempos que corren, interpretó su papel con facilidad y clase. A su alrededor, el Mallorca entró en conexión, o al menos se aseguró la pelota de manera razonable y desbarató la idea de un Lazio imponente. No lo fue nunca, a pesar de la victoria y de su abigarrada nómina de estrellas. Pasó dificultades extremas durante todo el encuentro, sometido a las reglas que dictó el equipo español. Desde el gol de Dani hasta el victorioso tanto de Nedved, el partido siguió la dirección que le procuró el Mallorca, cuya mayor dificultad fue trasladar al área rival la evidente superioridad de sus centrocampistas. Pero lo mismo cabe decir, y probablemente en mayor medida, del Lazio, que dejó inédito a Roa. El portero argentino no tuvo otro trabajo que el ingrato de recoger el balón de su portería en dos ocasiones.

El capitán del Lazio, Alessandro Nesta, recibe el trofeo de campeón de la Recopa. Es la última vez que un club recibía tal galardón. Foto: AP Photo.
Hubo una larga fase en el segundo tiempo que permitó confiar en las posibilidades del Mallorca. La actividad de Ibagaza servía para comunicarle con Lauren, Stankovic y, muy especialmente, con Dani, que estuvo a la altura del prestigio que se ha ganado en los despachos de varios de los mejores clubes de Inglaterra. Sin embargo, al partido le faltaba remate. Se hizo evidente que la decisión final correspondería a alguna acción por sorpresa. Al azar, eso que tanto detesta Cúper. Y el momento llegó a diez minutos del final, en una jugada medio sucia protagonizada por Vieri y Siviero. La pelota salió rechazada hacia Nedved, que agarró un remate perfecto. Para la historia será suficiente, pero para el fútbol dice muy poco de un equipo que pasó como cualquier medianía por el partido. Que no vengan con la mística italiana. Ganó porque al final este asunto no es otra cosa que un juego, con aspectos incontrolables para el hombre. Porque mientras se trató de control y de fútbol, el Mallorca se elevó bastantes cuerpos sobre su rival.
SS Lazio – RCD Mallorca (2-1)
Miércoles, 19/05/1999 (19:45 h).
Villa Park (Birmingham): 33.021 espectadores.
Árbitro: Günter Benkö (AUT). Amonestó a Mihajlović (23′), Vieri (39′), Marchegiani (90+’) y Siviero (53′).
Goles: 0-1. minuto 7. Centro lejanísimo y alto procedente desde la línea del centro del campo, que cabecea Vieri ante la presencia de Olaizola y Roa ayuda a meter en la portería.
1-1. minuto 12. Dani, en la boca de gol, culmina una jugada por banda izquierda entre Miquel Soler y Jovan Stankovic.
1-2. minuto 81. Nedved bate a Roa a la media vuelta desde fuera del área, tras recorrer un balón suelto.
SS Lazio: Luca Marchegiani; Giuseppe Pancaro, Alessandro Nesta (capitán), Matías Jesús Almeyda, Giuseppe Favalli; Roberto Mancini (Fernando Manuel Silva Couto 90’), Siniša Mihajlović, Dejan Stanković (Sérgio Paulo Marceneiro da Conceição 56’), Pavel Nedvěd (Attilio Lombardo 84’); Christian Vieri, José Marcelo “Matador” Salas. Entrenador: Sven-Göran Eriksson.
RCD Mallorca: Carlos Ángel Roa; Javier Olaizola (capitán), Marcelino Elena, Gustavo Lionel Siviero, Miquel Soler; Lauren Bisan-Etamé, Vicente Engonga, Jovan Stanković, Ariel Miguel Santiago Ibagaza; Daniel García ‘Dani’, Leonardo Biagini (Veljko Paunović 74’). Entrenador: Héctor Raúl Cúper.
La eliminatoria europea ‘más larga’… geográficamente hablando

De izquierda a derecha, los jugadores del Cardiff City: Stephen Derrett, Gary Bell, Peter King, Brian Harris y Leighton Phillips son fotografiados tras su regreso al aeropuerto de Heathrow tras disputar el partido de vuelta de los cuartos de final de la Recopa ante el Torpedo de Moscú.
Curiosidad o tema estadístico. La extensión de nuestro continente europeo ha llevado a que en diversas ocasiones se haya contemplado la disputa de una eliminatoria en la cual las distancias geográficas poco parecían importar. Si analizamos todas las eliminatorias disputadas desde que en el año 1955 arrancasen las competiciones europeas, salvo error, podemos afirmar que el club que más kilómetros tuvo que recorrer para superar una eliminatoria fue el Cardiff City de País de Gales durante los cuartos de final de la Recopa europea de 1968. Un viaje exótico e hilarante de, nada más y nada menos, doce mil kilómetros de desplazamiento de ida y vuelta… con un premio adicional de poder acceder a las semifinales.
A continuación, os ofrecemos un pequeño repaso de lo que dio de sí aquella eliminatoria.
El partido de ida se disputó el 6 de marzo de 1968 en el estadio Ninian Park de Cardiff. En los días previos a la disputa del encuentro había una inusitada expectación de ver a los soviéticos. La venta anticipada de las entradas iban camino de récord de asistencia e iban a proporcionar a los bluebirds una recaudación de 15.000 libras esterlinas. El Torpedo de Moscú tenía una plantilla llena de internacionales soviéticos. Tenía en sus filas a Valery Voronin, un líbero que había defendido en más de 50 ocasiones la camiseta de la URSS y había estado presente en la Copa del Mundo de la FIFA disputada dos años atrás en tierras inglesas.

El delantero Eduard Streltsov defendiendo la camiseta de la selección soviética con la que conquistó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Melbourne
También había que añadir el regreso al equipo del delantero Eduard Streltsov, uno de los mejores futbolistas rusos de la historia, tras abandonar los siete años que estuvo en un campo de trabajo. Fue condenado por cargos de violación pero fue una mera excusa al negarse a firmar por alguno de los dos equipos del Soviet, el del ejercito soviético, el CSKA Moscú, o el de la KGB, el Dinamo Moscú.
El partido resultó muy defensivo. El Cardiff City realizó un encuentro controlado con Don Murray y Brian Harris como estiletes en el centro del campo. Por su parte, el club soviético colocó a dos jugadores en punta mientras el resto se limitó a realizar tareas defensivas.
El único gol del partido llegó antes de llegar al descanso. La jugada comenzó de los pies de Bryn Jones que cede el balón a Ronnie Bird. Éste realiza un centro peligroso al área donde Peter King manda el balón hacia el primer palo, donde fue cabeceado a la red por Barrie Jones. El equipo galés tuvo oportunidades de ampliar el marcador. Harris mandó un balón unos centímetros por encima del larguero y un globo de John Toshack pasó rozando el palo. El Torpedo marcó en el minuto 82 pero el árbitro anuló el tanto de Streltsov por una falta previa sobre Murray.
Cardiff City FC – FC Torpedo Moskva (1-0)
Miércoles, 6/03/1968
Ninian Park (Cardiff): 30.567 espectadores.
Árbitro: R. Schaut (BEL).
Goles: 1-0 Jones 43′
Cardiff City FC: Wilson; Derret, Ferguson; Clarke, Murray, Harris; Barrie Jones, Bryn Jones, King, Toshack y Bird. Entrenador: Jimmy Scoular.
FC Torpedo Moskva: Kavazashvili; Shumakov, Shustikov; Yenets, Pakhamov, Lenev; Nepomilujev, Shcherbakov, Streltsov, Brednev y Pais. Entrenador: Vladimir Zolotov.

De izquierda a derecha, los jugadores del Cardiff City: King, Toshack, Clarke y Murray en el entrenamiento previo al partido en Tashkent.
Para el encuentro de vuelta, el Cardiff City tuvo que realizar un viaje por motivos meteorológicos hasta la capital de la república soviética de Uzbekistán, Tashkent, a casi 500 kilómetros de la frontera china. El desplazamiento arrancó el jueves 14 de marzo con un vuelo de ocho horas de duración desde Londres hasta Moscú (2.700 kilómetros). El equipo pudo entrenar al día siguiente en el moscovita estadio Lenin pero unas horas después la capital rusa fue azotada por una fuerte nevada que impedía disputar allí el partido por lo que su disputa se desplazaba hasta Tashkent (a 2.796 kilómetros), una ciudad que había sido destruida por un terremoto dos años antes.
La táctica de los galeses contempló desde el inicio la presencia de Brian Harris como líbero y Dean en el lateral derecho. El Torpedo igualó la eliminatoria hacia la media hora de juego. Streltsov pasa el balón a Mikhail Gershkovitch, quien superó con claridad a Dean y Bobby Ferguson para batir a Bob Wilson gracias a un tiro elevado que desvía un defensa. Los jugadores del Cardiff protestaron al árbitro la concesión del gol al reclamar que el linier había levantado la bandera por una infracción soviética. Ronnie Bird tuvo una excelente oportunidad de igualar el partido pero su lanzamiento fue detenido por el portero del Torpedo. Tras empatar la eliminatoria, ambos equipos deberían dilucidar quien de ellos accedería a las semifinales mediante un partido de desempate. Éste por decisión de la UEFA, y tras no ponerse ambos clubes de acuerdo en la cena posterior al partido de vuelta, se disputaría en la localidad alemana de Augsburgo. Los jugadores galeses aprovecharon el viaje para hacerse con un buen número de souvenirs comprados en un mercado callejero de Tashkent: botellas de vodka, gorros y algunas inusuales y exóticas balalaikas.
FC Torpedo Moskva – Cardiff City FC (1-0)
Martes, 19/03/1968
Prakhator Stadium (Tashkent): 65.000 espectadores.
Árbitro: B. Loev (SWE).
Goles: 1-0 Gershkovitch 33′
FC Torpedo Moskva: Kavazashvili; Shumakov, Pakhamov; Yenets, Lenev, Shustikov; Stanishev, Shcherbakov, Streltsov, Gershkovitch y Pais. Entrenador: Vladimir Zolotov.
Cardiff City FC: Wilson; Derret, Ferguson; Clarke, Murray, Harris; Barrie Jones, Dean, King, Toshack y Bird. Entrenador: Jimmy Scoular.
Otro viaje en esta ocasión de 1.067 kilómetros para dirigirse al partido de desempate. Los planes del técnico Jimmy Scoular para el partido de desempate y el más importante encuentro en muchos años se fueron al traste con la lesión de Don Murray que se perdería el choque tras no faltar del once titular durante 84 partidos consecutivos. Su relevo sería el joven jugador de 21 años Richie Morgan pero no sería el único cambio en el Cardiff ya que Graham Coldrick reemplazaba a Steve Derrett en el lateral derecho. Por su parte, los soviéticos harían alinear por primera vez en la eliminatoria a Voronin.

Foto del estadio Rosenau de Augsburgo en el año 2006. Fue subsede de partidos de fútbol durante los Juegos Olímpicos de Munich 1972 y ha albergado encuentros internacionales en la Copa Intertoto de la UEFA del Munich 1860.
Antes de partir hacia la Alemania Federal, la salida del vuelo fue retrasado en su despegue durante varias horas a causa de una ventisca que impidió la realizar la sesión de entrenamiento prevista en el estadio de Augsburgo.
El partido se inició bajo unas condiciones meteorológicas invernales aunque según fue transcurriendo el encuentro fueron mejorando notablemente. El futbolista soviético del año, el delantero Eduard Streltsov, le dio al debutante Morgan un muy duro debut llegando incluso a golpearlo en la garganta con una patada involuntaria. El preciado tanto de la victoria llegó antes del descanso al volear Norman Dean un balón cedido con la cabeza por John Toshack. Durante el resto del partido el Cardiff trató de defender la victoria mínima y lo logró en parte gracias a las intervenciones del guardameta Bob Wilson. En el tiempo de descuento detuvo una gran oportunidad de marcar por parte de Mikhail Gershkovitch.
FC Torpedo Moskva – Cardiff City FC (0-1)
Miércoles, 03/04/1968
Rosenaustadion (Augsburgo): 35.000 espectadores.
Árbitro: H. Fritsche (RFA).
Goles: 0-1 Dean 42′
FC Torpedo Moskva: Kavazashvili; Nepomilujev, Pakhamov; Yenets, Lenev, Shustikov; Stanishev, Shcherbakov, Streltsov, Gershkovitch y Voronin. Entrenador: Vladimir Zolotov.
Cardiff City FC: Wilson; Coldrick, Ferguson; Clarke, Morgan, Harris; Barrie Jones, Dean, King, Toshack y Bird. Entrenador: Jimmy Scoular.
Más datos curiosos:
Sin contar el partido de desempate, la eliminatoria que envolvió a los dos clubes más distantes entre sí se produjo en la temporada 1994/95 cuando en la Recopa se enfrentaron los islandeses del IB Keflavík y los israelís del Maccabi Tel-Aviv. Nada más y nada menos que 5.269 kilómetros de ida, y otros tantos de vuelta.

16 de septiembre de 1999: El jugador del Rapid de Viena Arnold Wetl (centro) controla el balón junto a Peter Babnic (derecha) del Inter Bratislava durante el partido de ida de la primera ronda de la Copa de la UEFA. Foto: Reuters.
En el extremo opuesto, podemos hablar de las eliminatorias más cercanas en las que, evidentemente, enfrentaban a equipos de la misma ciudad. Recientemente, se han producido choques dentro de la Liga de Campeones entre los dos conjuntos de Milán (AC Milan e Internazionale FC) o entre dos de los equipos de la capital británica (Arsenal FC y Chelsea FC). Más anteriormente, tuvo lugar una encarnizada pelea entre los dos equipos de la capital española, Atlético y Real Madrid, en la Copa de Europa de la temporada 1958/59.
Si descartamos estas eliminatorias entre conjuntos de la misma ciudad o nación, podemos afirmar que el enfrentamiento entre dos equipos de diferentes nacionalidades sería el producido en la temporada 1999/2000 entre el Inter de Bratislava (Eslovaquia) y el Rapid de Viena (Austria). Las dos ciudades están separadas por 55 kilómetros. Sin duda, un paseo para ambos equipos si lo comparamos con el periplo del Cardiff City y el Torpedo de Moscú.
Localización de los equipos ‘extremos’ que han participado en competición europea:
- Norte: Tromsø IL (Noruega). Latitud 69°66′N Longitud 18°96′E
- Sur: Unión Deportiva Las Palmas (España). Latitud 28°10′N Longitud 15°41′W
- Este: Irtysh Pavlodar (Kazajistán). Latitud 52°30′N Longitud 76°95′E
- Oeste: IB Keflavík (Islandia). Latitud 64°01′N Longitud 22°56′W
- Oeste: CD Santa Clara (Portugal). Latitud 37°44′N Longitud 25°40′W (sólo en la UEFA Intertoto Cup)